Ensayos Dramáticos

Re Cordis


Y si digo “me arrepiento” mentiría,
porque fueron deseos por algo más allá de la razón.
Ignorando a ese "yo" lógico y prudente,
porque a veces se trata tan solo de eso, de emociones,
de ti, de la sinestesia que en mí produces
y te siento, te huelo, te gusto…

Y tan arriba te quería
que cuando te tuve, las nubes no me dejaban ver más abajo de mis pies.
Y busqué a la culpa y a la excusa
pero nunca obtuve una respuesta.

Pasé de los sueños a las fotos,
(entonces sonreía…)
y cambié los sueños por recuerdos,
(dejé de sonreir).

Escuché que no podía permitir eso,
que debía buscar la sonrisa
y empecé a correr.

Leí que la vida no siempre se presenta como uno quiere
pero que no debía alejarla de mí
ofreciéndola a lo ordinario
convirtiéndola en una extraña.

Fue entonces cuando llegué a tu encuentro
para saludarte con un adiós
para olerte y gustarte una última vez.
Pero me quedé en silencio
me ahogaba…
parecía lluvia pero el sol radiaba
y yo solo veía humedad.

No pude decirte adiós.
Y recordando, esta vez encontré una sonrisa.
Porque la magia no se encuentra en el presente
el presente no se sueña y no se recuerda,
solo se vive, se siente y se tropieza.

Yo, que un tiempo te soñé
con esa pureza y ese engañoso color blanco,
con rincones que te llevan a otro mundo,
al final te viví.

Y te disfruté, aunque no de la manera que imaginaba
sino fuera de la idealización,
pero respirándote y viviéndote, en toda tu realidad.

Entonces un rayo de sol me cegó,
el viento balanceó el olivo donde te observaba
y el olor a café me devolvió a la realidad,
a la despedida.
No con un adiós, que no podía articular,
me despedí con la más amarga de las sonrisas:
convirtiendo el presente en un recuerdo
y susurrando un “hasta luego”.

Te guardé en el mayor de mis tesoros
en la memoria,
donde podré encontrarte cada vez que cierre los ojos.
Y también en mi mente,
donde podré soñar que en el futuro nos encontraremos.


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